A pesar de las múltiples armas que la medicina ha desarrollado y perfeccionado para combatir el cáncer –cirugía, radioterapia, quimioterapia…–, de poco nos sirve ese arsenal si una sola célula maligna logra escapar con vida y, como un aguerrido soldado, se disemina por la sangre o la linfa hacia otros tejidos. Cuando este proceso, la tan temida metástasis, culmina en la colonización de uno o más órganos y tejidos por nuevos ejércitos, es posible que ni el cirujano, ni los medicamentos, ni el propio sistema defensivo del organismo tengan ya opciones de hacerle frente con éxito.
